HOMOGENIO

MIGUEL ANGEL DENTE

1ra. Edición:
2017
Editorial: Ediciones Disconario
Prólogo: El autor



La colección 50 AÑOS ROCK de EDICIONES DISCONARIO, iniciada en el año 2009, cuenta ya con el octavo y penúltimo volumen: HOMOGENIO, DISCOGRAFÍA COMENTADA DE UN SONGWRITER CRIOLLO.
Toda la destreza compositiva de Andrés Calamaro, reflejada en sus decenas de hits y canciones de fusión más su rol como intérprete de todos los géneros, desarrollada bajo la óptica de MIGUEL ÁNGEL DENTE, el autor de esta obra. Ediciones de álbumes  y DVD, conciertos, fechas trascendentes, anexos con colaboraciones y versiones, conceptos y respuestas exclusivas para este libro en la voz del músico y los artistas con quienes compartió sus trabajos… desde Raíces, Los Abuelos de la Nada, Los Rodríguez hasta su fructífera etapa como solista.

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Asi comienza el libro…

Andrés Calamaro Massel nace el 22 de agosto de 1961 en la Ciudad de Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Once —tal vez como un signo del destino así llamaría a su álbum de 2016—. Sin embargo, desde muy chico se establece con su familia en un octavo piso "D" de la avenida Del Libertador 184, en la zona de plaza San Martín, muy cerca de la estación ferroviaria de Retiro.

Su infancia transcurrió entonces yendo y viniendo por esa fugaz recova que transitaban a diario miles y miles de personas, muchos de ellos jóvenes que asistían al Liceo Naval, en medio de una vorágine ya insostenible de trenes, micros y ambulancias... De allí la pincelada: Estoy enamorada de un cadete del Colegio Militar, lo espero cada viernes para verlo bajarse del tren... a mi chico del cuartel [otro amor en Avellaneda]. Entre hoteles y pensiones, ahí nomás se encontraba El Palacio de las Flores —que daría título a otro disco, compartido con Nebbia—. Era un edificio de tres plantas donde durante una década había funcionado de día el merca
Eduardo era de encontrarse a charlar con Alberto Girri, autor de una treintena de libros: "Mi padre, el patriarca poeta de la familia, cumplió sus noventa y siete años y nos reunimos los hermanos, primos y amigos, para arropar a los viejos en su sprint hacia el siglo. Papá quiso que Javier le cante el Himno nacional argentino, que ya grabó con Leopoldo Federico. Mi padre se emocionó mucho porque es un argentino de verdad, de los buenos; de conciencia y acción, estudioso y profesor de nuestra cultura real, cataloguista de lo que cada región de nuestro país potencialmente ofrece a sus ciudadanos, hombre refinado si los hay, lector imposible que cumple los noventa y siete con tres libros inconclusos..." (Libro Paracaídas y vueltas de Andrés Calamaro).
Eduardo pasó enfermo sus últimos días y sus hijos lo despidieron cantándole...


Cerca estaba también la Galería del Este, en cuyo bar anclaba el escritor Jorge Luis Borges.
Más la antigua disquería El Agujerito... Cabe mencionar además la proximidad de la plaza Francia, centro geográfico de los hippies de la época, pioneros en nuestro país. Fiel a los libros europeos y al cine Electric, Andrés se fue nutriendo desde chico con canciones de The Beatles, Creedence Clearwater Revival, Los Gatos, Manal, Almendra, la despedida de Sui Generis en el Luna Park y la presentación de Santana en la Argentina...

Entre los miembros del grupo familiar se encontraba Carlos Núñez Cortés, quien solía ensayar en la casa de la familia Calamaro con el conjunto musical/ humorístico I Musicisti, conocido a través de los años con el nombre de Les Luthiers. Carlos estaba casado con Hebe, la hermana de Andrés. Fue así que, antes de cumplir los diez, Andrés comenzó a tomar contacto con algunos instrumentos. Y durante su cursada en la secundaria Escuela del Sol, tocaba la batería en el grupo Dogma (había aprendido con Lito Vitale).

En la histórica casa de Los Vitale en Villa Adelina también estudió música con Donvi, el papá de Lito y Liliana.
Pero cambiaría parches por teclados, ya que en su casa tenía a disposición un piano vertical.
Fue entonces alumno de la profesora Violeta De Gainza y de los grandes tecladistas Osvaldo Caló, Daniel Freiberg, Diego Rapoport, Leo Sujatovich y Santiago Giacobbe.
Sin embargo, como la mayoría de sus colegas rockeros, nunca supo leer ni escribir música. En su papel de "sesionista" integró fugazmente Los Plateros, Edu y El Pollo... grupos con los que recorría las provincias o el circuito de boliches y boites como Mau Mau o Afrika (hasta Marikena Monti le solicitó que musicalizara textos de Néctar Negro).
Pero su primera aparición musical pública de relevancia tuvo que ver con la grabación de B.O.V. dombe del conjunto rioplatense de fusión Raíces, liderado por el uruguayo Beto Satragni.

Y la historia….sigue, a través de las 120 páginas que contiene este magnífico libro.




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