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LA VIDA SECRETA DEL ROCK ARGENTINO

 MARCELO FERNANDEZ BITAR

1ra. Edición: 2019
Editorial: Sudamericana 

Prólogo: El Autor


Un aspecto poco conocido en la historia del rock nacional es el vertiginoso avance técnico que ocurrió durante la década del 80 a la par del alcance masivo de las canciones más emblemáticas, la exportación de artistas hacia otros rincones de Latinoamérica y la llegada al país de figuras internacionales de primera línea.
Detrás de escena hubo un puñado de actores que acompañaron el crecimiento del rock local con pasión, entusiasmo desbordante, amor por su profesión y ganas de trascender las fronteras.

Marcelo Fernández Bitar rescata el trabajo de estos héroes anónimos que rodean los éxitos de la época de oro de figuras como Spinetta, Charly García y Soda Stereo.
Figuras que, contra viento y marea, sorteando las crisis económicas, lograron que la escena musical creciera y sentara las bases para el fenómeno actual del rock en la Argentina.

A modo de adelanto, compartimos el capítulo dedicado a Paul Tozer, el encargado de escenarios y logística que comenzó trabajando con Soda Stereo, fue responsable técnico de los primeros shows internacionales de estadios, y continúa en el mismo rubro después de más de tres décadas.

Paul Tozer es la persona que figura como “manager de producción” en casi todos los grandes recitales en la Argentina de las últimas tres décadas. Armado de escenarios y logística es lo suyo, desde Tina Turner en River (1988) hasta el último Lollapalooza local.
Empezó casi de casualidad, como toda su generación.
Su hermano fue baterista de Nito Mestre, así que lo acompañaba a los shows y en 1981 terminó trabajando con “la monada”, nombre genérico para un equipo de gente con nombres y apodos como Pablito, Pecas y el gordo Eduardo. Su debut fue en el Country Club de Banfield, y desde entonces no paró más.

“Una de las cosas que aprendí —cuenta— es que esto había que hacerlo como un laburo profesional, porque siempre existió el tipo que terminaba de laburar, se tomaba 32 cervezas a la noche, se iba a dormir a las dos de la mañana, y a las siete tenía que estar en el lobby. 
Quizás en esa época sucedía con muchos de nosotros, pero con un montón de gente no.
Eso también empezó a marcar la diferencia: todos arrancamos simplemente porque nos gustaba la música. Toda la gente que está en este medio tiene una pasta especial para esto; no eligió hacer otra cosa. Nos gustaba, le dimos para adelante, y cada uno desde su lugar mejoró las condiciones laborales, los horarios y las formas. Y copiábamos cuando venía gente de afuera para organizar los shows.
La primera visita de Guns N’ Roses, por ejemplo, fue toda producción local, así que vinieron para ver cómo hacíamos el montaje de escenario, la entrada de sonido y de luces. Hacían lo mismo que terminamos haciendo nosotros muchos años más tarde con los primeros recitales grandes en Chile. Yo fui muchísimo a Chile a hacer shows internacionales con mucha producción local, haciendo los túneles para entrar al estadio Nacional de Chile con las grúas de U2.
Y no eran dos semanas en Chile, era un mes y medio de trabajo”.


¿Cómo eran esos shows de Nito Mestre en cuanto a escenario, luces y sonido?
Había un camioncito con unas cajas de sonido enormes de Milrud.
De hecho en esa época venía a los shows la gente de Milrud, como Pirilo y Masita. Eran los mejores monitores de la época, por el tamaño de las cajas. Se armaba eso, y en luces no había que pensar en techos ni colgar nada porque estaban las famosas torres con par 300 de Quaranta, alguna luz de contra, alguna de frente y ya.
El escenario era lo que había, del tamaño que había, con alguna tarima para la batería. El sonido estaba más avanzado, pero las luces iban muy por detrás. Hoy corrés a la par con las luces de afuera, apenas estamos un pasito atrás, pero en ese momento era lo que había: par 1000 y par 300. Aparte, íbamos y conectábamos nosotros mismos, porque los chicos de luces de la época eran electricistas, iluminadores y hacían todo lo que había que hacer. Éramos un grupo chico: iban dos a armar sonido, dos atrás a armar luces, y los demás eran los de la banda. Todos hacíamos todo, porque no existía la gente de carga: no había gente o ayudantes de carga, como hoy, cuando un camión lo descargan doce personas.
Nosotros entrábamos y sacábamos todas las cosas. Después pasé a trabajar con Los Abuelos de la Nada, donde conocí a Eduardo Hinrichs, que era como el segundo atrás de Milrud en cuanto a proveer sonido. Dirigí mi actividad hacia la empresa de sonido e hice muchísimos años de depósito, armado de cajas, aprendiendo a soldar cables y preparar los equipos.
Fue el auge de la salida de todos los grupos nacionales, pos-Malvinas: Miguel Mateos, Marilina Ross, Abuelos, Los Twist, Celeste, Virus. Y había clientes que eran específicos de Milrud, como Charly. Yo era asistente de sonido y trabajaba con las bandas. Ahí comenzó mi época de Soda; hice un poco de escenario, un poco de sonido y asistencia de escenario. Estuve con ellos toda la primera época, cuando salíamos para hacer shows los viernes, sábados y domingos con un camioncito chiquito, Mercedes 608, equipito de sonido y de luces, para ir a lugares como La Esquina del Sol, Quilmes, Pinar de Rocha y La Casona de Lanús. Se hacían muchos dobletes, con doble equipo de sonido, y ellos llevaban todos los instrumentos. Después me quedé en la empresa de sonido y me despegué un poco del tema de la música. Cuando volví, la primera gira grande que hice con Soda fue “Canción animal”, en 1990, como parte de producción y stage-manager.


¿Alguna anécdota de Soda?
Recuerdo a Soda en el Gran Rex, con todo el piso blanco. La historia es que nos fuimos una noche con todo armado y pintaron el piso del escenario, pero en vez de látex blanco lo pintaron con sintético blanco. ¡Entré a la mañana y sentí el olor a pintura del sintético! Un desastre. Me volvió a pasar algo parecido con Paul McCartney en River Plate: armaron uno de los vestuarios para él y hubo que hacer un piso de madera donde el carpintero se mandó un trabajo increíble. Era Chaja, uno de estos grandes colaboradores de la industria. Hizo un piso de madera impecable, un laburo artesanal porque ese vestuario tiene una forma rara por todos lados, y uno de los chicos que trabajaba con él lo iba barnizado pero con barniz al aceite. Conclusión: cuando nos dimos cuenta, a las cuatro de la mañana hubo que sacar todo el piso completo, limpiarlo y volver a armar otro piso para poder entregarlo a las ocho de la mañana cuando entraban ellos.

Después pasaste a trabajar en las visitas internacionales de Grinbank.
Primero me convocaron para ser traductor para Sting y Tina Turner en River. También hice Amnistía, pero el de Mendoza.
Fui a hacer la parte de audio, con el viejo sistema de cajas de Milrud.





Según Ohanian, el salto de calidad empieza con los requerimientos de los riders.
Cuando empiezan los riders, en la oficina de Grinbank en la avenida Leandro N. Alem, había un cuarto chiquitito que tenía la máquina de fax. Vos llegabas a la mañana y veías en el piso el rollo de papel con todo el rider de David Bowie, por ejemplo. Empezabas a cortar hoja por hoja, leer y ver cuántas te faltaban o habían salido borrosas. ¡Esos riders eran terribles! Todavía me acuerdo de leerlos y decir: “¿Qué es todo esto de luces que piden?”. Hoy lo buscás en Internet y te sale la foto, la información, quién lo hizo y quién lo tiene. Pero en aquel momento era: “¿Qué hacemos?”. Así que había que agarrar el teléfono y averiguar, preguntar, me das, te puedo dar, tengo esto, tengo lo otro… todo un ida y vuelta. Sí, definitivamente hay un antes y un después del primer rider técnico, porque es una especie de contrato de luces y sonido terriblemente exigente. ¡Y que no te faltara una hoja! Los riders hay que leerlos de la primera hoja hasta la última, ítem por ítem. Hoy sin rider no vamos para adelante. Mandame el rider y empezamos. Es un contrato con el cual tenés que comprometerte al ida y vuelta para chequear todo. Es muy fácil, escribís: tengo, no tengo.

El mito es que los riders incluyen pequeñas trampas tipo cazabobos, con requerimientos raros o imposibles, para chequear si los leen.
Tal cual. Hay uno muy famoso (de Van Halen) que pedía golosinas M&M en el camarín, “pero sin los marrones”. Después nosotros hicimos lo mismo al armar nuestros riders. Me acuerdo de que al hacer el de Soda pusimos algo que tenía que ver con la temperatura del camarín. En la gira de 2007 pedimos una bebida dietética que ya no se fabricaba más, para darnos cuenta si habían leído el rider. Pero para nuestro asombro un día llegamos a Estados Unidos, donde todavía existe esa bebida, y Diego Sáenz me dijo: “¿Fuiste al camarín? ¡Hay latas de Tab!”. O sea que claramente habían leído el rider de punta a punta.


¿Cómo eran los escenarios en los comienzos de Soda?
En esa época todavía no había estructura. Recuerdo que había escenarios hechos con cajones de cerveza, creo que en Santiago del Estero. Y ni hablar de los vallados: la gente iba hasta el borde del escenario. Recién más adelante aparecieron los fenólicos para el frente del escenario. Pero en todos esos primeros años lo hacíamos sin vallado. Hace poco encontré fotos de una gira de Soda a Bariloche, y la carga era un micro que en la mitad de adelante tenía asientos, y en la mitad para atrás iban las cajas de sonido, los instrumentos y las luces. Es bastante posterior el uso de micros de gira, que en realidad ante los controles de la ruta iban declarados como casas rodantes o casas de familia. ¿Te imaginás abrir un micro y encontrarte con Sumo y Los Violadores? “¿A quién transporta?”, “Familia y amigos”, “A ver, ábrame la puerta”, y entraba la gendarmería al micro, y muchos se bajaban porque si no, se tenían que quedar dos días con el micro parado. Hoy, los micros en el exterior son una cosa que no puedo creer. Están estacionados fuera del estadio: llegan, tienen lugar para estacionar, cada uno su enchufe de energía y la limpieza de los baños. No van al hotel, siguen durmiendo en los micros. Se abren los laterales, se extienden y hay living, Internet, tele, habitación, heladera, todas las bebidas y comida que quieran. Otra diferencia es que todos se bañan en el vestuario del club. Por eso, una de las primeras cosas que nos llamaba la atención en los riders de afuera era que pedían 250 toallas. ¿Para qué quieren 250 toallas? Era mitad para que el crew se pudiera bañar en el estadio, y el resto para los artistas.

¿Para los River de Sting y Tina Turner, se trajo todo?
Tina se hizo con luces de Quaranta y Fernández, y un piso de sonido de Milrud y de otro más. Creo que para ese show Grinbank trajo un techo de afuera que se usó para colgar una planta de luces, junto con una estructura de caño y nudo. Rod Stewart también trajo un techo de afuera que era de un belga y que todavía sigue dando vueltas por acá. Para no traer toda la estructura, que era mucha carga, durante muchos años seguidos se usaba una mezcla de estructuras argentinas y un techo que venía de afuera, por vía marítima en uno o dos contenedores. De ahí pasamos a las grúas: se usan grúas de 60, 90 y 120 toneladas para montar esos escenarios que entran en un montón de contenedores y pesan muchísimo.

Los de seguridad también fueron aprendiendo.
Están en el frente del vallado y tienen que saber lo que están haciendo. El escalón del “free-standing” existe para que el tipo de seguridad se pueda parar arriba del escalón y sacar a alguno. Con los shows grandes, el público tiene experiencia y deja espacio cuando hay alguno caído, para que no lo pisen. Hay un buen comportamiento. Yo sufrí más que nunca en la última gira de One Direction, con el campo dividido en cuatro y los pibes corriendo por todos lados hasta llegar al frente del escenario. En los primeros 20 metros es un público complicado porque se aprisionan y se sofocan. Hoy hay una exigencia de parte del artista y vienen sus tipos de seguridad a revisar todo. Con algunos se puede cambiar un poco el plan y ver dónde conviene poner cada una de las piezas, pero con Pearl Jam, olvidate. Al día de hoy, Pearl Jam usa una T en el frente del escenario, y no hay forma de decirles que no tenemos gran capacidad de campo para hacerlo así.

¿Padeciste problemas de logística, con aviones que no llegan o micros que se quedan en la ruta?
Varias veces hubo problemas de micros y terminamos yendo todos en taxi o en autos del productor para poder llegar a tiempo. Recuerdo un problema con el techo de Rod Stewart: salimos del estadio de Montevideo y por algún motivo el camión se fue a la banquina, volcó y el techo se dio vuelta. Terminamos con Carlos Ruiz y Nestor Raschia levantando piezas embarradas para poder guardarlas en el camión. En cuanto a los aviones que no llegan, ahí ves la fortaleza y poder de decisión de productores como Roberto Costa, Grinbank o Fernando Moya. Con Phil Collins en River dieron puerta cuando el avión que venía demorado recién había despegado de Montevideo. O sea que debía despegar y aterrizar, teníamos que meter el equipo en los camiones, llevarlo a River, subirlo al escenario y montar en tres horas lo que habitualmente se hace 36 horas antes. ¿Sabés qué es lo asombroso? Que cuando se juntan todas las partes para poder hacerlo, funciona. Nos pasó lo mismo con el show de Eric Clapton en Montevideo: en la mañana en que íbamos a mostrar el sonido, las luces y todo montado, había tanta lluvia y viento que Moya dijo: “El show hay que hacerlo en otro lado, saquemos todo”. ¡Eran las nueve de la mañana y el show era a las nueve de la noche!
Dio la orden de sacar sonido y luces mientras veía si estaba disponible un lugar llamado El Cilindro; al mismo tiempo que nosotros desarmábamos en el Velódromo, se armó un escenario allá. El productor de Clapton me dijo: “Son las diez de la mañana y no creo que lleguen a hacerlo, pero a las cinco de la tarde voy al otro lugar y si estamos en condiciones de hacer el show, lo hacemos ahí”. Otra vez, cuando las cosas se tienen que dar y se aceitan, salen adelante.
Quizás ahora muchos están más acostumbrados a los festivales y hay otra expertise, pero en ese momento fue llamativo bajar la planta de luces y de sonido, cargar los camiones, desarmarlos, reacomodar todos los asientos de la platea en otro lugar, marcar las sillas, armar el escenario, alfombrarlo, colgar las luces y el sonido. Hasta tuvimos que armar una estructura de tipo Layher para poder colgar el sonido ahí adentro.
A las cinco de la tarde llegó el tipo y ya estábamos subiendo el escenario armado y alfombrado. Cuando termina el show, Clapton se quedó en el camarín y nos mandó a buscar a Moya, a mí y a Analía Tulusi para darnos la mano y felicitarnos por la situación.
“Gracias, la verdad que salvaron un show”, dijo. ¡Me dio piel de gallina, porque muchas veces estoy seguro de que los artistas ni se enteran de lo que pasó afuera, y este tipo sabía todo lo que estaba pasando!

50 AÑOS DE ROCK EN LA ARGENTINA



 MARCELO FERNANDEZ BITAR

1ra. Edición: 2015
Editorial: Editorial Sudamericana  
Prólogo: Luis Alberto Spinetta
              Adrián Dargelos



El rock en la Argentina celebra su cumpleaños número 50 y esta es su historia. 
Autor de un libro mítico e inconseguible de 1987 (reeditado en 1993 y 1997), Marcelo Fernández Bitar agrega información y testimonios recopilados a lo largo de toda su carrera como periodista especializado, para ofrecer la obra definitiva sobre la música más popular de la Argentina, esa que, como dice Adrián Dárgelos en su prólogo, es capaz de pelearle "el lugar en el airplay al estilo que se esté imponiendo". 

Aquí están todos los nombres y todos los hechos, año a año. ¡Y todos los discos! 
Porque, además de ser un relato cronológico impecable e implacable sobre la construcción de esa enormidad multiforma llamada "rock nacional", incluye la discografía completa de estas cinco décadas. 

Un ejemplar único y enorme, para recordar, para descubrir y para que el rock jamás baje el volumen. Un clásico remasterizado.

"El rock aquí es todo ese sentido que, como felicidad o angustia, transgrede permanentemente un delgado hilo de la realidad argentina, aun a costa de que al crecer luego uno se sienta como un turista marciano." Luis Alberto Spinetta (de la Introducción a la primera edición, 1986)

 "Este libro intenta registrar la historia de las ediciones y apariciones en escena de los músicos y sus discos, lo que compone al rock nacional. Esta titánica tarea es una edición que conmemora 50 años de rock nacional." Adrián Dárgelos




EL AUTOR

Paradójicamente, Marcelo Fernández Bitar, periodista especializado en rock argentino, nació en Estados Unidos.
Fue editor de espectáculos en los diarios El Cronista, Perfil, Crítica y en Tiempo Argentino, donde trabaja en la actualidad. También colaboró en La Nación, Clarín y Página/12. 
Con un entusiasmo que no lo ha abandonado desde su irrupción en el panorama periodístico, en la mítica revista Canta Rock plena primavera alfonsinista, Fernández Bitar trabajó en todas las publicaciones musicales que merecen ser recordadas, desde Pelo y Rock & Pop hasta La Mano, de la que fue jefe de redacción. 

Fue productor periodístico de programas de rock insignias como La Cueva, Rocanrol, Volver Rock y Elepé. 
Corresponsal en Argentina de la revista Billboard, publicó su Historia del Rock en Argentina en 1987, edición que ampliaría en 1993 y 1997: un trabajo monumental que encuentra su versión definitiva recién hoy, con casi veinte años de historia agregada. 
Publicó además Soda Stereo, la biografía en 1990, y en 2007 acompañó a Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio durante los conciertos del regreso del grupo para escribir Soda Stereo. Diario de gira (Sudamericana, 2008).
(N. de la R.: Todos libros, que figuran reseñados en este blog)

SODA STEREO: LIBRO DE FOTOS 82-97


MARCELO FERNANDEZ BITAR
SODA STEREO

1ra. Edición: 2007
Editorial: Editorial Sudamericana


De la new-wave al pop.
Del cuadriculado monocromático ska a los pelos parados y los raros peinados nuevos.
De pop a modernos.
De las musculosas y remeras rotas a las camisas con volados, el maquillaje en exceso, los sobretodos oscuros y las poses dignas de un álbum de fotos de la más acabada onda dark.
De modernos a sónicos, con ropas de colores y una suerte de rescate de la psicodelia de los años sesenta.
Así, en apenas tres transiciones de imagen (entre muchas más), queda en claro que Soda Stereo siempre le escapó a los rótulos fáciles y al habitual karma rockero de quedar cristalizado en un estereotipo.
Porque ellos, una y otra vez, optaron por dar un volantazo, tomar un desvío y evitar convertirse en un cliché.
Ellos mismos, en algún reportaje de la época de "Signos", confesaron que un día regresaron de un viaje, vieron sus propias fotos y se dieron cuenta que se les había ido la mano y que parecían Fantomas.

En la letra y música de sus canciones pasó lo mismo, con una evolución permanente, sorprendente, cambiando en muy poco tiempo de los estribillos adictivos y las frases ocurrentes a la poesía inaudita y los sonidos sofisticados, incorporando influencias de la escritura automática, el surrealismo, el funk, el rock progresivo argentino,

Sortearon ese camino entre espejismos y se fueron convirtiendo en auténticos clásicos, pioneros y conquistadores, con discos inolvidables, recitales que hicieron historia y videos que retrataron cada paso con un protagónico zoom de cámara y acción.
Es indudable que hay varias maneras de repasar el camino recorrido por el grupo desde sus comienzos hasta su separación en 1997. Están los discos, claro, y también algunos DVD y clips.
Pero la captura más fascinante de sus almas parece ser la fotografía, que los acompañó en todo momento y por todas partes.

Así nace este libro, del material hallado en los archivos personales de Gustavo, Zeta y Charly, con viejas fotos de prensa, instantáneas de entrecasa, shows famosos e infinidad de regalos hechos por fans, asistentes, periodistas y fotógrafos amigos.

Hoy, mientras se lleva a cabo una reunión largamente esperada por miles de personas de todo el continente, nada mejor que un repaso de ese largo y sinuoso camino que empezó en 1982.

SODA STEREO - LA BIOGRAFIA

MARCELO FERNANDEZ BITAR


1ra. Edición: 1988
Editorial: Distal
2da. Edición: 2017
Editorial: Sudamericana

Textos, fotos y la biografía del grupo, abarcando sus comienzos hasta la época del álbum Doble Vida, ya que este libro fue editado por esos años, cuando el grupo estaba en plena actividad.
Incluye letras de los discos, entrevistas, anécdotas, y una ficha con los recitales realizados.

Marcelo Fernández Bitar es un periodista especializado en rock que ha colaborado habitualmente en las revistas El Porteño, Cantarock, Cerdos y Peces, y el Suplemento Sí del diario Clarín.
Actualmente, se desempeña como Secretario de Redacción de la revista Rock & Pop y colaborador permanente de la sección Espectáculos del diario El Cronista Comercial.
Además, es el autor del libro "Historia del rock en Argentina, una investigación cronológica", publicado 1987.

En los últimos cinco años, Buenos Aires ha cambiado considerablemente.
Hay partes de la ciudad que ya no son las mismas. El sistema de gobierno es otro. Alguna gente parece distinta, se viste de otra manera, usa otras palabras. Existen nuevos códigos.
La música también ha cambiado.

En 1983 nacía Soda Stéreo, tomando la "muy 90's" formación de trío y originando una música que combinaba la energía del punk-rock con ritmos como el ska y reggae, todo dentro de la estructura clásica del pop y con letras plenas de ironías y dobles sentidos.
En muy poco tiempo, de forma casi imperceptible para la prensa especializada, el grupo logró una fuerte relación con el público que lo acompañó fanáticamente durante toda la etapa "underground".

Su preocupación por detalles como la imagen en vivo y en foros, sumado a su producción musical, los llevó por una carrera siempre ascendente y con características propias de pionero. Recorrieron todo el territorio argentino y una vez consagrados como incuestionables Número Uno, probaron suerte en el exterior, con un resultado tan positivo que se convirtieron indiscutidamente en el grupo de rock más popular de Latinoamérica, con un total de discos vendidos que ya superó el millón de unidades.

Soda Stéreo. Inicialmente "pop", luego "modernos" y finalmente una combinación muy personal del rock actual.
Impusieron ropas, cortes de pelo, formas de componer, tocar y cantar, y hasta maneras de encarar el inmenso negocio que los rodea.
En estos últimos cinco años, Soda Stéreo ha crecido hasta límites insospechables.
Y esta es la historia.

En el 2017 salió una nueva edición ampliada y corregida por Editorial Sudamericana

MARCELO FERNANDEZ BITAR
 
1ra. Edición: 2017
Editorial: Editorial Sudamericana  
Prólogo: Marcelo Fernandez Bitar


Si hay algo que ha caracterizado a Soda Stereo durante toda su carrera, es la búsqueda de la perfección en todo el material oficial lanzado bajo su nombre. Tomando como referencia, quizás, el arte de cada uno de sus discos, pasando por la imagen en cada sesión de prensa, Soda Stereo siempre estuvo a la vanguardia a comparación de otros artistas latinos.

Sin embargo uno de los puntos olvidados, seguramente de forma voluntaria, fue su bibliografía. Soda Stereo no tuvo su biografía oficial hasta 1988, retomando la idea de lanzar un libro en 2007 (basado en fotos de la banda) y en 2008 (con el diario de la gira Me Verás Volver).

En aquel lejano 1988, “Soda Stereo, la biografía” era redactado por Marcelo Fernández Bitar, quien en este caso nos propone “La Biografía Total”, cerrando el círculo de lo que comenzó hace casi 20 años.

“La idea de lanzar una biografía completa surgió diez años atrás, cuando trabajaba en la revista La Mano“, nos comenta Marcelo. “Me propusieron actualizar mi vieja biografía del grupo, hecha en la época del lanzamiento de “Doble vida”, así que recopilé información de todos los reportajes y notas que hice desde entonces y escribí la nueva versión“, finaliza.

Aquel proyecto de actualizar la historia de la banda mas importante de Latinoamérica, sin embargo, no pudo ser editada cuando el autor se lo propuso en 2007. “Cuando llamé al manager de Soda para comentarle del inminente lanzamiento, me comentó con preocupación que acababa de firmar contrato con una editorial para lanzar dos libros sobre Soda“. Claro, el momento era el ideal: Soda Stereo volvía a los escenarios tras 10 años de separación, por lo que el libro de fotos, y el Diario de Gira ya estaban vendidos a la editorial.

“Fue muy honesto y claro en decirme que no podía impedir la salida del mío, pero me pedía como favor demorarlo para no quedar mal con la editorial. A cambio, meses después, me propuso colaborar en esos dos libros“, confiesa.

Finalmente en este 2017, Fernández Bitar presenta “La Biografía Total”, luego de idas y vueltas con algunas editoriales para lograr lanzarlo al mercado. “¡Por fin!“, nos dice.
 
 
Si se le pide definir este trabajo, Marcelo no duda: “es una investigación bastante exhaustiva sobre la historia de Soda, con información de primera mano, ya que me tocó entrevistar al grupo y cubrir sus shows desde antes de su primer álbum, cuando los vi en vivo en Marabú e hice la crítica para una revista. Año a año, disco a disco, gira a gira, escribí sobre Soda e hice reportajes con ellos para revistas, diarios y programas de televisión“.

Es de destacar que, al tener como base la biografía lanzada en 1988, existen testimonios que se toman como punto de partida, de gente que ha sido clave en la historia de la banda, y que hoy por distintas razones ya no están presentes. “El libro cuenta con el material único que fue la investigación para la primera versión que publiqué en 1988, donde entrevisté especialmente -entre otros- a Federico Moura, Aldredo Lois, Roberto Cirigliano, Horacio Martinez y por supuesto a Gustavo Cerati“, destaca. “Hoy todos ellos han fallecido…”

Sin embargo el legado de Gustavo Cerati, musicalmente hablando, tanto en Soda Stereo como con su carrera solista es imborrable, y Fernández Bitar fue testigo de ello. “Gustavo dejó una obra que redefine la música popular argentina y el rock en particular. Tanto en Soda Stereo como en su carrera solista, Cerati consiguió elaborar una música que combinaba las más recientes vanguardias con toda la enorme historia del rock clásico“, nos comenta.

“Como letrista también dejó su marca al ir perfeccionando su estilo desde los primeros hits de estribillos gancheros hasta la sofisticación de “Fuerza Natural”. El resultado influye aún hoy a toda una generación (o dos) de compositores“, finaliza.

En definitiva este 2017 trae consigo este nuevo trabajo, la primer biografía que resume la historia completa de la banda, desde sus comienzos hasta su despedida en 2007, teniendo como punto final el proyecto de Soda y el Cirque du Soleil que verá la luz en Marzo en el Luna Park.